Blogia
Divagaciones de la vida cotidiana

La muerte es de Albacete y se apellida Ruíz

Siempre que me imagino a la muerte la veo como un esqueleto encorvado vestido con una túnica negra andrajosa y llena de polvo y barro en su parte más baja, portando una guadaña en su mano izquierda, si creo que la muerte es zurda, al igual que yo, y en su mano derecha portando un PDA donde tiene su listado de muertes de ese día y que descarga a las doce en punto de cada noche via satélite.

Siempre he supuesto que en los viejos tiempos llevaba sus papeles pero seguro que se le le ha extraviado más de uno alguna vez y se ha llevado las broncas de su jefe, y las alegrías de las personas incluidas en la lista extraviada, claro, por eso un PDA con conexión por satélite es mucho más fiable y ocupa menos, ahora puede utilizar el bolsillo de su túnica, idéntica a la de su hermano Caronte, aunque este si lo utiliza, y lo tiene bien lleno.

La veo siempre de un lado a otro estresada con prisas porque quizás tenga que tocar con sus manos a dos o más personas a la vez y en lugares distantes unos de otros, simepre con el reloj pegado al culo, sufriendo porque aunque su trabajo no está muy bien considerado, es su trabajo e intenta hacerlo lo mejor posible dando lo máximo de si misma.

Segro que muchas veces odiará tocar a personas que no deberían estar en su lista en mucho tiempo deseando que esa sea la última vez que aparece alguien así en su lista. Y seguro que otras veces se recreará a la hora de acercar los huesos de su mano a alguien que no merece tener un sitio en el mundo, supongo que como todo trabajo, tiene sus momentos buenos y momentos malos, nadie se libra de este problema, salvo los que ya hayan sido visitados por nuestra amiga, pues esos ya no tendrán que preocuparse más de nada.

A veces pienso que la conozco de toda la vida, que la veo por la calle Guadaña y PDA en mano mirandola y levantando la cabeza para ver si está llegando a la dirección correcta, que me acerco a ella la saludo y le pregunto como le va la cosa, si tiene mucho trabajo hoy, y el ver que se entristece un poco cuando dice que ese día le tocar trabajar bastante, o que esboza una leve sonrisa cuando me comenta que no hay mucho trabajo para hoy, que tiene unos momentos libres para poder tomarse una cervecita conmigo, hablar de cosas vanales y echar unas risas cuyo recuerdo le haga más llevadero el día.

También me gusta preguntarle cuando alguien cercano está enfermo o pasando un bache si lo tiene en la lista próximamente, hasta ahora nunca me ha dicho que estuviera ninguno, lo cual me ha alegrado mucho, y más a la gente interesada cuando se lo he contado. La verdad es que no se si me va a decir si la persona por la que pregunto está en la lista, cuando haga eso puede que me enfade con ella, o quizás se lo agradezca, no se, aun no lo ha hecho. Por supuesto nunca le he preguntado cuando llega mi hora, quiero que sea una sorpresa.

Supongo que cuando llegue mi hora la veré aparecer como una visita inesperada y no sabré que decirle, despues de tantos años de vernos y contarnos nuestras anécdotas.

- ¡Hola muerte! Cuanto tiempo sin verte ¿Cómo va eso, te recuperaste de la artritis? -
- Hola viejo amigo, pues si, ahora estoy mejor, mi médico tiene manos de santo, bueno, como que es uno -
- ¿y que, me echabas de menos y has venido a hacerme una visita en mi lecho? -
- A decir verdad estoy trabajando, hoy cuando me he descargado la lista has aparecido tú. -
- Oh, vaya, mira que nos conocemos desde hace tiempo y para una visita que me haces es para trabajar, no se si ofenderme. - Me rio
- ¡Hey! no te rias de la muerte, que van a pensar si se enteran que alguien se rie de ella. - Lo dice sonriendo.
- Venga haz tu trabajo que no te va a dar tiempo a terminar el día. -
- Muy bien, a ti no te voy a tocar, voy a acariciarte el pelo, que me caes bien. -
- Gracias es un halago... -

0 comentarios