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Divagaciones de la vida cotidiana

El guardián entre el centeno

¿Que pasaría si durante una película en una sala llena de un cine nos diéramos la vuelta y miráramos al graderio? ¿Alguien notaría que lo hemos hecho?, ¿Qué lo podemos estar observando?

Es algo que a veces suelo hacer, quizás si voy en el autobús, por ejemplo, levanto la cabeza un poco y observo a las personas que me rodean, no hacen nada divertido, hacen lo que solemos hacer todos, mirar a alguna parte y supongo que abstraerse en sus propios pensamientos, sin reparar en lo que puedan tener alrededor.

Si entramos en un local, siempre nuestra mirada recorre todo el sitio, escrutando personas buscando a alguien conocido, nadie se percata de este hecho, pues todos lo tenemos asumido, sabemos que cada persona que entre en el local nos va a mirar, nos retendrá al menos un instante en su retina.

Estas miradas no juzgan, mientras no queramos ser juzgados, simplemente son miradas objetivas y no percibidas, están ocultas en el campo de centeno del resto de personas, solo son observadores y quizás guardianes de nuestros actos y de lo que nos rodea y que tampoco hemos dado cuenta de su existencia, pues realmente estamos perdidos en nuestro propio centenal con las personas que nosotros hemos querido que sean nuestros guardianes.

2 comentarios

Divagador -

Supongo que es demasiada esperanza, quizás no nos guarden del abismo, pero si quisieran, lo podrían hacer.

Andrés -

Si el guardián entre el centeno rescataba niños que corrían entre espigas al borde de un abismo, tú esperas que las miradas nos rescaten. No está mal.