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Divagaciones de la vida cotidiana

¿Está Juán?

(Suena el teléfono)
- Diga. -
- ¿Juán? -
- No, no soy Juán, este no es su teléfono. -
- Pero tu trabajas para la misma empresa, ¿No? -
- Si, pero para otro departamento. -
- Bueno, pues a ver si sabes, es que tengo un problema... - No importa si quiera que no conozca a Juán, si trabajamos para la misma empresa sabemos todo acerca del trabajo del otro.
(Despues de contar el problema)
- Es que no puedo ayudarle, no llevo eso. -
- ¿Quién eres tu? - Aquí su tono de voz se asemeja al de un guardia civil pidiéndote el carné, justo antes de buscar una excusa para multarte.
- Soy Ángel. -
- ¿Y no puedes localizar a Juán? - Cómo sabe mi nombre, ya hay confianza, y por lo tanto me puede pedir un favor, por supuesto, él no ha dicho su nombre.
- No. -
- Pero, ¿No trabajais para la misma empresa? - (¿Deja vu?)
- Pero para distintos departamentos -
- Ah, ¿Y como lo puedo localizar? - Esto debería haber sido lo que tenía que haber preguntado al comienzo de la conversación, pero siempre es al final.
- Llame a soporte de usuarios y ellos se pondrán en contacto con él. -
- Oh, gracias. - Su tono de voz denota desilusión.
(Cuelga antes de que pueda despedirme)

Desde hace un tiempo esta situación se repite al menos 4 veces al día y siempre es la misma conversación. A mi no me llaman nunca(snif).
Aunque me ha servido para observar tres cosas interesantes.
- Todo el mundo está deseando contar sus problemas, les da igual a quién, la cuestión es desahogarse.
- En algún momento de la historia, Juán tenía el teléfono que tengo ahora.
- La gente odia o teme al centro de soporte a usuarios.

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