Divagaciones de la vida cotidiana |
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Un coche para justo en el portal, toca el claxón, espera un momento y vuelve a tocar el claxon, cuando todo el mundo se da cuenta de que ha llegado al barrio menos la persona para quién van dirigidas la pitadas, sale del coche, recorre el escaso metro y medio que separa la puerta del coche y el portal y llama al portero automático. |